LO QUE NO SABÍAS DEL ÁCIDO HIALURÓNICO

Firmeza, elasticidad y volumen. Estas cualidades de la piel, tan evidentes durante la juventud, comienzan a disminuir a partir de los 35 años notablemente. Este cambio, en gran medida, se debe a la reducción de ácido hialurónico, presente de manera natural en nuestro organismo. Sus funciones son reconstruir las fibras que sostienen los tejidos de la piel y la capacidad de retener agua, con lo que mantiene la hidratación de los tejidos y favoreciendo un aspecto juvenil del cutis.

Pero, ¿hay formas de recuperarlo cuando ya hay una pérdida considerable? Existen tres maneras de hacerlo:

  • Cremas: la cosmética actúa a un nivel superficial, pero ayuda a mantener la hidratación y dejan una piel luminosa y jugosa. Es imprescindible un asesoramiento profesional para utilizar la crema o sérum más adecuado para cada persona y hay que ser constante en su aplicación.

  • Alimentación: se deben consumir proteínas de alto valor biológico, como las presentes en carne, huevos y pescado. También es importantísima la ingesta diaria de alimentos ricos en vitamina C (pimientos, tomates, kiwis, cítricos…), en betacarotenos (zanahorias, albaricoques…), en licopeno (frutos rojos) y en luteína (vegetales de hoja verde).

  • Inyectado: consiste en el aporte directo de ácido hialurónico donde se ha perdido. Tiene un resultado inmediato y muy satisfactorio.

Como siempre decimos, lo recomendable es prevenir su pérdida y, para ello existen varios tratamientos:

  • Peelings 

  • Radiofrecuencia

  • Láser

  • Mesoterapia

Son medidas poco o nada agresivas que mantienen la firmeza y la elasticidad de la piel, e inducen la producción de colágeno. Todos ellos están encaminados a bioestimular las células cutáneas para que produzcan más ácido hialurónico y así enlentecer el proceso del envejecimiento.

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